
De pronto me doy cuenta que a pesar de la extrañeza de este asunto, soy yo la que maneja y controla la situación. Juego con la distancia, con la percepción, con la dimensión. Mido hasta que punto llega mi control.
Ahora se me antoja que todo se empequeñece (¿o estoy aumentando mi tamaño?) y vuelvo a reiterar no solo se me antoja o lo pienso sino que realmente sucede.
Pero el juego pierde sus reglas, se desequilibra, va a su propio ritmo y las cosas se acercan, se alejan, se vuelven acercar y alejar sucesivamente y cada vez a más distancia, a más cercania. Tengo miedo. Ya no sé por qué ocurre, ya no me gusta ni me divierte.
Solo intento esperar, aguardar y me dejo guiar por esa mezcla interesante de variaciones espaciales, me surge solo una pregunta ¿qué es el espacio? será como el tiempo una realidad inventada.
Trató de concentrarme en mi, en mis dimensiones y me percibo, me siento sin tocarme.
Necesito hablar, quiero hacerlo (pareciera que las palabras le dan coherencia a los pensamientos, incluso a una serie de hechos ilógicos), intento pronunciar una palabra y siento que mi lengua, si la siento, soy real, la vuelvo a sentir está humeda, apoyada sobre mis dientes pero está inmovilizada. No puedo moverme y ya nada de lo que haga será controlado por mi.





